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¡Hambre emocional en la Navidad!

Guillermo
11 diciembre, 2020
Hace 1 año. Actualizado 30 Abril 2021, 10:06
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Salud ¡Hambre emocional en la Navidad!

Ya estamos en Navidad grupo, como diría Vanesa, “feliz Jagüelin”, pero aquí la cambiamos por la Virgen María, San José y el niño Jesús. Cambio radical de escenario pero para el caso, un escenario muy parecido al de Halloween, ¡nada que celebrar!

Bueno, no me voy a poner dramático porque sí que tenemos muchas cosas que celebrar. Se acaba este fatídico 2020 y por lo menos seguimos vivos. Porque si me estás leyendo, significa que están gozando de buena salud, así que quizás eso sea el motivo más que suficiente para celebrar.

La nueva Navidad

Sé que no son las navidades deseadas por ninguno de nosotros, quizás sean las navidades que estaban en tus pesadillas o esas que en una pataleta con tu madre deberías celebrar. Posiblemente este año estemos la mitad de la mitad de los que solemos estar otros años (quédate con lo más importante, no viene tu cuñado). También puede que no las estés celebrando en tu lugar de origen y que nos han quitado lo más importante que es cantar villancicos (jajajaja). 

Un servidor no ha podido ir a Zamora a celebrarlo con toda la familia y amigos y aquí estoy, con papá y mamá celebrándolo, ¡y dando gracias! Pero como dice mi madre, “tú mejor no pises Zamora, que tienes muchos amigos y muchos primos y nos la lías”. Y no le falta razón, porque aunque mantengamos todas las medidas habidas y por haber, es complicado estar totalmente a salvo de esta pandemia.

Es normal que quedemos con unos a tomar el típico aperitivo de navidad, con otros al cafetito y después unas risas por la noche en casa de algún amigo, y claro, eso no es nada conveniente en estos tiempos de pandemia. Mi única salvación era disfrutar de la pata de jamón Joselito en compañía y ni eso, que es mejor que me compre unos sobres envasados al vacío de manera individual, ¡dónde vamos a parar! No concibo una Navidad sin mi pata, lo siento. 

Lógicamente esto nos afecta en el plano emocional, somos más vulnerables y es importante tener la cabeza bien amueblada para no acabar loco con esta situación. Todos estamos muy cansados del coronavirus y es que ya llevamos ya 10 meses en esta situación tan rara.

De repente tienes que estar a una hora en casa, no puedes juntarte con tus seres queridos, amigos, primos y demás familia. Vivimos en un estado de alarma permanente, no podemos salir de nuestra ciudad, y si puedes no lo haces por miedo a contagiar a los demás y sentirte mal… Y si a eso le sumamos que es Navidad, apaga y vámonos.

¡Ay Jesús, María y José!, vamos a pensar varias cosas positivas:

1- Lo que vas a ahorrar en estos días

2- Lo que vas a mantener la línea y ni medio gramo arriba

3- Lo que no vas a perder tiempo en la carretera de aquí pallá’

4- Lo poco que vas a echar de menos a esos familiares que no te apetece ver

5- Lo cómodo que vas a estar en casa porque ni lentejuela ni pajarita, ¡pijama everyday!

No ves, si esta situación tendría que traer cosas buenas, simplemente hay que pararse a pensar y sale solo (está claro que quien no se consuela es porque no quiere)

¿Por qué comemos de manera emocional en Navidad?

La Navidad nos trae recuerdos pasados que nos gustaría rememorar. No tienen porqué ser únicamente de personas que ya no están con nosotros ni mucho menos, momentos felices, experiencias vividas juntos... También un resumen de lo que ha sido tu año, qué has hecho, dónde has estado y demás. Aunque el resumen de todos me lo sé yo. Esta amalgama de sentimientos nos genera un vacío en el estómago que puede confundirse con apetito. Esto se conoce como hambre emocional.

Tenemos hambre emocional porque todo lo celebramos en Navidad con comida. No lo celebramos haciendo crossfit, ni saliendo a un concierto, se celebra alrededor de la mesa y sin parar de comer y de beber, y cuando has acabado, ¡polvorón que te crió, y ahí es donde viene el peligro!

La ansiedad puede venir dada por numerosos factores. Uno de los más habituales es el de reunirse con la familia (casi) al completo alrededor de una mesa. Porque así nos gusta a las personas celebrar los acontecimientos. El hecho de ver la mesa repleta de comida puede empujarnos a comer tanto en Navidad. Confundimos las emociones (alegría, euforia, nostalgia) con el hambre real.

Cómo manejar el hambre emocional

Manejar el hambre emocional puede ser complicado si no sabes como. Para salir de este círculo vicioso vamos a tomar nota de diferentes condiciones:

1- Ser consciente de lo que te está pasando. Toda la comida que hay en la mesa y recortar.

2- Identificar los motivos de por qué ese hábito no es bueno para tí (ganas peso, duermes mal, estás más ansioso, no puedes quitarte la comida de tu mente, cuando empiezas a comer no puedes parar…). Hay que evitar los focos de peligro y minimizarlos.

3- Identificar los hábitos que te pueden ayudar a romper el círculo de la comida emocional y que tienen beneficios, como por ejemplo pasear o hacer ejercicio. Te tienes que mover, y ya no sólo por comer menos, o sociabilizar menos, sino por tu cuerpo, somos máquinas y hay que estar engrasado.

Si el coronavirus tenía que traer cosas buenas, es que este año no nos pone en el peligro de la Navidad, eso sí, no te olvides de repetir estos nuevos hábitos de forma constante y planificar actividades interesantes para mantenerte entretenido. Ya te llorarás dentro de un año por los 2kg cogidos en Navidad, piensa que este año na’ de na’.

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Guillermo
Nutricionista y Personal Eating Trainer Vicedecano del Colegio de Nutricionistas de Madrid Asesor gastronómico y nutricional y divulgador nutricional en prensa escrita y digital
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