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Cómo alimentarse cuando hay frío
Guillermo
06 octubre, 2020
Hace 1 año. Actualizado 30 Abril 2021, 11:28
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Salud Cómo alimentarse cuando hay frío

Es oficial, el frío está aquí. Ya no hay cabida ni al veranillo de San Martín o San Miguel (de santo a santo y tiro porque me toca), ya no es época de ir por la vida sin calcetines más allá de si eres un fashion victim, ya no es momento de cenas en la terraza mientras cae el sol…ahora agradecemos la mascarilla para el hocico porque nos abriga, ¡ay dónde habrá quedado el calorcito!

Esto quiere decir que igual que cambiamos el armario, debemos (o deberíamos) cambiar la nevera también. No es lo mismo lo que comemos cuando hace calor, que cuando hace frío. Los alimentos también pero quizás lo que más cambia en nuestro día a día son los platos, porque al fin y al cabo, unas espinacas nos las comemos igual en verano que en invierno, pero ojo, que hay algo que cambia, la forma de preparación. 

Consejos para adaptar la alimentación al frío

Vamos a puntuar algunos requisitos interesantes de cara al frío. Saca la bufanda, ponte un caldito y a disfrutar:

1- Cambio de platos

Quizás esta sea la diferencia más grande, la que he comentado anteriormente. Durante el verano los platos suelen ser más ligeros, más frescos y menos contundentes. El calor hace que comamos menos y que necesitemos no sólo platos fríos, sino platos más ligeros, con una fácil digestión y que no sean tan contundentes al paladar. 

De ahí que en verano sea tan difícil el consumo de legumbres por ejemplo. Nos cuesta consumirlas porque la asociamos a platos de cuchara y yo en este sentido soy muy insistente, podemos meterlas en ensalada y aportar más proteína al plato.

2- Potenciar platos calientes

Hemos cambiado el gazpacho por el consomé, ¡y qué rico! Está claro que te puedes tomar un gazpacho ahora (igual que un consomé en pleno agosto), pero entona más el cuerpo algo calentito. Lo mismo pasa con algunas carnes. Por ejemplo en mi casa es algo típico tomar pularda con mango en verano, una carne que fría sabe muy bien, una carne blanca, ligera y que acompañada de mango, sabe más fresco. 

En cambio en invierno apetece más una pluma de Joselito con patata panadera y zanahoria, una carne sabrosa, con grasa de la buena y así nos aseguramos que comemos caliente.

3- Nuevos horarios

En verano todos estamos más relajados. No sé si será el sol, el calor o la luz, pero funcionamos de otra manera. Cuando arrecia el frío, nos recogemos antes (qué frase más de mi tierra), y apetece más estar en casa. Donde más se nota la diferencia es en la cena. 

En verano ceno siempre a partir de las 10 de la noche, y cuando salgo con amigos a alguna terraza, pueden ser las 11 y que todavía no hayamos ingerido ni una patata frita. Nada que ver con el frío, ceno a las 8 y media de la tarde y quizás algo más tarde (9 de la noche) si voy al gimnasio o quedo con algún amigo para cenar por ahí. Puede que en invierno seamos más disciplinados, llevemos unos horarios y tengamos todo más atado.

4- Platos de cuchara.

Aquí soy poco fiel. Lo mismo me como un puré de verduras de mi madre en agosto que en diciembre, así que en este caso no soy muy de fiar. El resto de los mortales, dejan de lado el gazpacho, el salmorejo y la vichyssoise por platos de cuchara, esas lentejas o esas alubias que calientan cuerpo y alma. Pero no solo la legumbre, también la patata (patatas con costillas Joselito plato TOP), o cualquier tipo de sopa, juliana, de ajo…voy a dejar de mencionar porque escribo este artículo a las 13:27h y el hambre llama a mi estómago.

5- Hidratación

Respecto a la hidratación, siempre veo un problema en esta época. En consulta se repite el mismo drama “no tengo sed”. Esta es una frase muy repetida entre mis pacientes, y eso se debe a las bajas temperaturas. En verano, el calor hace que sudemos más y necesitemos una rehidratación. En cambio cuando hace frío, no sudamos tanto y tomar bebidas frías cuesta más

La solución no es calentar el agua ni mucho menos, pero sí beber más veces a poquitos y después potenciar otro tipo de bebidas calientes como pueden ser tés, manzanillas, infusiones, consomés, cafés…no solo tenemos que beber agua fría, “el agua” la podemos encontrar en otras versiones.

6- Formas de cocinado

Cambian los platos y cambian las formas de cocinado. Durante todo el verano hemos tirado de lo crudo y de las barbacoas al aire libre, hemos comido todo bien frío y con la mínima temperatura, de ahí de la buena fama de las ensaladas en la época estival . Lo que más pereza nos podía dar era poner el horno. Ahora mismo el horno es el mejor amigo, todo lo hacemos ahí y además nos calienta la cocina. También la olla exprés, las cazuelas, los cocidos, hervidos, salteados…todo lo que sea con calor, incluso las ensaladas han pasado de frías a templadas. Unos pimientos asados  con papada de Joselito por ejemplo, y si le añades unas castañas asadas eres el rey del mambo. 

Estas son algunas pinceladas que deberíamos tener en cuenta porque vamos a convivir con ellas algún que otro mes. Piensa que es la época de sacar la manta y meterte debajo de ella viendo una buena peli, ¡y por cierto!, es época también de merendar una cosa que me encanta y que sólo hago cuando hace frío, un buen bocadillo de chorizo frito, y si es de Joselito mucho mejor.

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Guillermo
Nutricionista y Personal Eating Trainer Vicedecano del Colegio de Nutricionistas de Madrid Asesor gastronómico y nutricional y divulgador nutricional en prensa escrita y digital
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